The Roman Catholic Archdiocese of Atlanta  

From Archbishop Donoghue

CUANDO YO ERA UN EXTRAÑO...
Carta Pastoral del Arzobispo John F. Donoghue
Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe
Diciembre 12, 2000
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Queridos amigos en Cristo,

Hay un sólo poder que puede unirnos como hermanos y hermanas en Cristo, y ése es el poder del amor. De todas las lecciones que Jesucristo nos enseñó, mientras El caminaba aquí en la Tierra, las dos más importantes, el resumen de todo lo que el Padre había hecho saber a través de la ley y de los Profetas, giran en torno al verbo "amar." "Ama a Dios con todo tu corazón, tu alma y tu mente, y ama a tu prójimo como a tí mismo.

Cómo vivió Jesús Sus palabras? Cómo amó El mientras andaba por el sendero de la vida, y se encontró con tantos en el camino? La respuesta a esta pregunta es revelada en el Evangelio. Jesús no se quedó en casa con los judíos buenos de Su pueblo: El no se quedó protegido bajo el pabellón de la ortodoxia donde todo era judío y todo lo que existía en el mundo exterior podía ser evadido. l no huyó a los suburbios del aislamiento social, donde los elementos de discordia podían ser mantenidos a distancia, y los aspectos desagradables de la vida ocultos por la distancia y filtrados por la anestesia que significa la afluencia económica.

Jesús entró al mundo y se enfrentó a todos los problemas y a todo lo que era problemático: el centurión romano buscando vida para su amado sirviente, el lunático enguerrillado consigo mismo con todos los demonios enfermos de la perversidad humana, los parias devorados por la enfermedad desfiguradora, ciegos, sordos y paralíticos. Y El vivió por encima de la distinción de clases y de los tabúes acerca de la raza que eran comunes en Su gente: El admiró la habilidad de la mujer de Cannan, compartió Sus más profundos pensamientos con una mujer samaritana, desafiando no solo los tabúes acerca de los extranjeros y acerca de lo no ortodoxo, sino también el prejuicio común de que las mujeres no eran dignas de conversación, de la sociedad de los hombres. Para toda la escritura y prédica inspirada de los grandes líderes de los derechos civiles a través de la historia, y para todos los debates de los gobiernos, fundaciones y asociaciones dedicados a los principios de igualdad, no hay todavía una lección más grande y más clara cotra el racismo y contra el prejuicio que ésta, que el Hijo de Dios y nuestro Señor no huyó de nadie, que El vivio lo que predicó, la ley que está por encima de toda las leyes, la ley del amor.

"Quién es mi madre? Quiénes son mis hermanos?" Y estirando su mano hacia sus discípulos dijo: "Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque aquel que hace la voluntad de mi padre celestial es mi hermano, y mi hermana, y mi madre." (Mt 12)

Tal vez de mayor impacto para nosotros como individuos es la historia de como estas enseñanzas de Jesús fueron adoptadas y practicadas por Sus seguidores, y por supuesto, especialmente por aquellos hombres que El hizo los primeros obispos de Su Iglesia. Esto está más claramente ilustrado en la historia de como San Pedro aprendió la gran lección de igualdad en el Capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles, que todos deberíamos leer de nuevo, y como el primero de los vicarios de Cristo en la Tierra fue guiado a entender esta lección, y así producir el primer decreto de aceptación universal:

En verdad, yo veo que Dios no muestra ninguna parcialidad. Mas bien, en cada nación aquel que le honre y actúe correctamente es aceptado por El.

Queridos amigos, estas lecciones de la vida de Cristo y de los primeros días de Su Iglesia, son la base de lo que debemos creer y de como debemos actuar, porque es la fuerza de la convicción acerca de temas específicos como éstos lo que constituye nuestra propia fe, nuestro propio Bautismo y Confirmación, nuestra propia escogencia de cargar con Cristo la cruz de la imperfección humana, y de cargarla con nuestro propio sacrificio, y emulando a nuestro Salvador, hasta la hora de nuestra muerte y juicio.

Como su obispo, yo considero de extrema importancia comentar la transformación de nuestra Iglesia local. La Arquidiócesis de Atlanta se está convirtiendo rápidamente, en cierto grado, en una Iglesia de hermanos y hermanas de otras naciones y culturas con diferentes idiomas. Esta transformación crea nuevos retos, oportunidades y bendiciones. Los medios de comunicación social locales y nacionales comentan el rápido y espectacular crecimiento económico y de población del área metropolitana de Atlanta y del norte de Georgia. Esta explosión demográfica en los condados que componen la Arquidiócesis de Atlanta se debe no sólo a la publicitada presencia de muchos jóvenes profesionales americanos que se están estableciendo en los estados del sur donde existe una mayoría de población que pertenece a religiones protestantes, sino también a la constante llegada de nuevos inmigrantes. Atlanta, con una población aproximando las cuatro millones de almas, es un centro de transportación importante, un pujante centro corporativo y comercial, con una creciente reputación internacional de ser un buen lugar para estar, un lugar para vivir. Atlanta se esta convirtiendo en una ciudad realmente cosmopolita con la entrada constante de nuevos inmigrantes que escogen vivir y trabajar entre nosotros.

Muchos de estos recién llegados son hermanos y hermanas que comparten con nosotros el tesoro de la Fe Católica, y la Arquidiócesis de Atlanta refleja estas numerosas culturas, razas, y nacionalidades que enriquecen la ciudad y el norte de Georgia. Este magnífico mosaico de culturas e idiomas refleja las "muchas caras de la casa de Dios", y la universalidad de nuestra Iglesia Santa y Católica. Una sinfonía de alabanzas emana de este mosaico en la variedad de idiomas escuchados en nuestras celebraciones Eucarísticas: inglés con diferentes acentos, español, vietnamita, coreano, creole, francés, malayalam, portugués, chino, polaco, entre otros. La gente expresa mediante esta fuente de alabanzas su fe, presencia, dones y talentos, y ésto enriquece profundamente la creciente Iglesia de Atlanta. La Providencia amorosa de Dios los ha guiado a través de numerosos caminos para que se queden entre nosotros, para inspirarnos y aceptar nuestra hospitalidad y ayuda. Nosotros somos llamados a servir a Cristo a través de ellos, de acuerdo a su palabra: "Cuando yo era un extraño, tú me acogiste en tu casa." (Mt 25:35)

El mensaje del Papa Juan Pablo II, La Iglesia y los Inmigrantes Ilegales (1999) dice:

Es muy importante que la opinión pública esté bien informada acerca de la situación verdadera en el país de origen de los inmigrantes, acerca de las tragedias que cada uno tiene, y de los posibles riesgos de regresar. Cada vez se habla menos de la situación de los emigrantes en sus paises de origen, y cada vez más de los inmigrantes con respecto a los problemas que ellos crean en los paises en los cuales ellos se establecen. El estatus ilegal de un inmigrante no debería permitir la pérdida de su dignidad ya que él está dotado de derechos inalienables que no pueden ser violados ni ignorados.

Y como consecuencia, la Iglesia de Cristo reconoce que cada uno tiene "el derecho de dejar su tierra nativa por varios motivos ... para buscar mejores condiciones de vida en otro país". (Laborem Exercens, Papa Juan Pablo II, 1981)

Huyendo de la miseria y de las dificultades, numerosos emigrantes han venido a este país con la misma esperanza por una mejor calidad de vida que atrajo a muchos de nuestros ancestros de tierras lejanas. Aunque tenemos derecho a luchar por reformar nuestras leyes y practicas de inmigración, no se le deben negar a los inmigrantes el cuidado básico de salud, servicios sociales, y oportunidades de educación. La reunificación de la familia debe continuar siendo una prioridad importante. A aquellos que se encuentran en situación económica desesperada o en peligro de muerte debido a la represión política se les debe ofrecer consideración imparcial por parte de empleados que tengan conocimiento, compasión y justicia. Se deberían crear programas estadales y federales para satisfacer las necesidades específicas de aquellas áreas con una elevada población de inmigrantes.

El Dios misericordioso y Padre de Israel exigió al Pueblo Escogido cuidado especial para con los pobres y los oprimidos, con mención explícita hacia la necesidad de preocuparse por la situacion precaria de los extranjeros en medio de ellos.

Cuando hay extranjeros viviendo con ustedes en su tierra, no los opriman. Tratarán a los extranjeros que viven con ustedes sin ninguna diferencia de como tratan a los que han nacido entre ustedes. Amenlos como se aman a ustedes mismos, porque ustedes también fueron una vez extranjeros en la tierra de Egipto. Yo, el Señor, soy su Dios. (Lv 19: 33-34)

Jesús el Señor e Hijo del Padre vivió de acuerdo e ilustró en todos Sus actos las cualidades de misericordia, compasión, perdón y sensibilidad hacia aquellos que conoció. El rechazó las barreras de la separación y sospecha levantadas por la injusticia, exclusivismo racial y religioso, discriminación por género, y diferencias económicas, sociales, y raciales, como mencionamos anteriormente.

"Nuestro Señor fue como nosotros en todas las cosas humanas excepto en el pecado" (Heb 4:15). En su infancia, el Niño Cristo, para escapar de una muerte cruel, sufrió la pérdida de sus raíces y el dolor de tener que emigrar a una tierra y a una cultura extraña. Por experiencia propia, El entiende muy bien el dolor y la angustia de los inmigrantes. Un factor importante de gran influencia en la profunda sensibilidad de Jesús y el interés por todas las personas y Su reconocimiento de sus muchos valores, fue Sus 30 años de residencia en la Galilea de los Gentiles, una región enriquecida con una mezcla cosmopolita y heterogenea de gentes, culturas y orientaciones religiosas.

Cada grupo nacional enriquece la Iglesia de Atlanta aportando sus talentos especiales, su cultura única y sus valores religiosos a nuestra herencia americana común, la cual ya se habia beneficiado grandemente gracias a la esplendida variedad de multiples dones de immigraciones pasadas, de las cuales formaron parte muchos de nuestros propios ancestros.

La declinacion en la tasa de nacimientos y el envejecimiento de los americanos crea una demanda constante de trabajadores deseosos de laborar por muchas horas con un salario reducido. Muchos inmigrantes llegan a este país en su edad de máxima productividad. Sin esta gran oferta de trabajadores accesibles, muchas de las más grandes industrias en Georgia habrían cerrado, reducido su producción, personal y ganancias, o se habrían ido a otro país. Por lo tanto, los inmigrantes han colaborado significativamente con la floreciente economía de Georgia, y han salvado y aumentado los empleos de los americanos.

El asunto del idioma en la liturgia y la catequesis es una cuestión delicada en nuestra sociedad pluralista. Ya hemos mencionado la celebración de la Eucaristía en varios idiomas a través de la Arquidiócesis. El documento del Vaticano, Instrucción: Enculturización y la Liturgia Romana provee una guía sabia en esta delicada materia:

La tradición misionera de la Iglesia siempre ha buscado evangelizar a la gente en su propio idioma. Y esto es correcto ya que es a través de la lengua materna que se transmite la mentalidad y la cultura de la gente, que se puede llegar al alma, moldearla en el espíritu Cristiano, y permitir el compartir más profundamente en la oración de la Iglesia.

Es una necesidad pastoral celebrar la liturgia en varios idiomas. Numerosos inmigrantes llegan hoy en día con poco o ningún conocimiento de inglés, y no viven en condiciones que les permitan adquirir fluidez en inglés. La mayoría de los niños inmigrantes adquieren rápidamente la habilidad de expresarse en inglés y de entenderlo.

En muchas áreas de los Estados Unidos, incluyendo la Arquidiócesis de Atlanta, numerosos inmigrantes, particularmente nuestros hermanos y hermanas de origen hispánico son víctimas frecuentes de un proselitismo insistente y agresivo. Como consecuencia, ellos están en serio peligro de perder la preciosa herencia tradicional de su fe santa y Católica. Los recientes reportes del Comité de Obispos para Asuntos Hispánicos establecen que la inmensa pérdida de hispanicos de la Iglesia durante los últimos 25 años es una "hemorragia ... el equivalente a uno en cada siete hispánicos," o cientos de miles que ahora equivalen a varios millones.

Para detener esta trágica hemorragia, nuestra responsabilidad como la Iglesia de Atlanta es, como siempre ha sido, darle la bienvenida a nuestros hermanos y hermanas inmigrantes con respeto, reverencia, y generosidad, dándoles una atmósfera hospitalaria y de apoyo donde ellos sean capaces de alimentar, profundizar, y preservar su fe Católica, celebrándola a su vez en un ambiente culturalmente familiar: "Yo era un extraño y tu me recibiste." (Mt: 25:35)

El futuro de la Iglesia en este país y en la Arquidiócesis de Atlanta respectivamente, está profundamente relacionado con nuestra creciente población inmigrante, particularmente entre nuestros hermanos y hermanas hispánicos, quienes son abrumadoramente bautizados Católicos Romanos. En los Estados Unidos hay 30 millones de hispánicos; la Arquidiócesis de Atlanta tiene más de medio millón. En nuestra Arquidiócesis los Católicos bautizados parecen superar todos los otros Católicos, tanto americanos como de otros grupos inmigrantes combinados.

Al celebrar hoy la gloriosa fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, declarada por el Papa Juan Pablo II como la patrona de toda la América (Norte, Centro y Sur), recordamos que en 1531, nuestra compasiva Reina de los Cielos, "Nuestra Querida Madrecita María de Guadalupe," pidió que se construyera una iglesia en Tepeyac (futura Ciudad de México). En este templo, tanto los indígenas conquistados como los europeos conquistadores, enfrentados recientemente en sangrientas batallas, se reconciliarían y unirían al encontrar su Salvador común, el Hijo de María, en Su Palabra y Sacramento.

Para terminar, repitamos la oración de nuestro Santo Padre el Papa Juan Pablo II, pidiendo perdón por errores y pecados cometidos en el pasado.

Oremos para que contemplando a Jesús, nuestro Señor y nuestra paz, los Cristianos sean capaces de arrepentirse de palabras y actitudes causadas por orgullo, odio, por el deseo de dominar a otros, por enemistad...hacia los grupos débiles de la sociedad tales como los inmigrantes y los itinerantes.

Señor del mundo. Padre de todos ... los Cristianos han violado frecuentemente los derechos de grupos étnicos y pueblos, y han demostrado desprecio por su cultura y tradiciones religiosas: Se paciente y misericordioso con nosotros y danos Tu perdón! Te lo pedimos ésto por Cristo nuestro Señor. Amén.

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