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El Cuerpo de Cristo: Para Recibir la Sagrada Comunión en la Iglesia Católica

Adobe PDFEl Cuerpo de Cristo | Compra el folleto

Last SupperJesús no nos abandonó cuando ascendió al cielo. Él permaneció con nosotros en Su Iglesia, que continúa Su obra de enseñar, sanar y guiarnos. Una de las maneras más significativas en que Él permanece con nosotros es en el sacrificio de la Eucaristía, donde el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, quien se encuentra plenamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

Adoramos a Jesús en el Santísimo Sacramento durante la misa, en la adoración eucarística, y donde Él se encuentre presente en el tabernáculo, pero una de las maneras más importantes e íntimas que compartimos en Su presencia, es cuando recibimos la Sagrada Comunión. La Sagrada Comunión nos une más estrechamente a Jesús, y también es signo de que vivimos en comunión con Su Iglesia, siguiendo las enseñanzas que Jesús nos transmitió.

¿Qué ocurre durante la Sagrada Comunión?

En la Sagrada Comunión, recibimos a Jesucristo, quien se entrega a nosotros en Su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Esta unión íntima con Cristo significa y fortalece nuestra unión con Él y Su Iglesia. Jesús habla de la importancia de la Sagrada Comunión cuando dice: “si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes” (Juan 6:53). Como la Sagrada Comunión nos une a Jesús, también nos fortalece contra el pecado, nos ayuda a vivir una vida cristiana, y nos prepara para el banquete celestial.

¿Quién puede recibir la Sagrada Comunión?

La Sagrada Comunión es uno de los regalos más preciados que Jesús nos ha dado, y es importante que nos preparemos de manera apropiada antes de recibirla. En la Iglesia Católica Romana, una vez un niño tiene la capacidad de entender que la Eucaristía es el regalo de la misma vida de Jesús, se le prepara con esmero para que pueda recibir su Primera Sagrada Comunión. Además de aprender las verdades sobre la Eucaristía, el niño se prepara a sí mismo espiritualmente y recibe el sacramento de la reconciliación, para que pueda recibir la Sagrada Comunión con un corazón puro.

La preparación cuidadosa antes de recibir la Sagrada Comunión también es necesaria para los adultos. Debido a que la Sagrada Comunión es un signo de unidad con la Iglesia Católica, una persona sólo debe recibir la Sagrada Comunión si cree en lo que enseña la Iglesia Católica, y si vive como miembro de la Iglesia, siguiendo el camino de vida que ella establece para sus hijos. Si uno está consciente de haber cometido un pecado grave, debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a la Sagrada Comunión.

¿Cómo me preparo para recibir la Sagrada Comunión?

La Sagrada Comunión es un gran misterio al que debemos acercarnos con reverencia y admiración. En la fiesta de Corpus Christi, la Iglesia canta que la Sagrada Comunión “comen buenos y malos / con provecho diferente / no es lo mismo tener vida / que ser condenado a muerte” (Secuencia Lauda Sion). Este himno toma su inspiración de la Santa Biblia, donde san Pablo escribe que “el que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo” (1 Cor. 11:29). La Sagrada Comunión es un gran regalo espiritual, pero también requiere gran respeto.

La preparación espiritual es la más importante. Muchos católicos optan por dedicar un tiempo a la oración privada antes de la misa, con el fin de prepararse para la Sagrada Comunión. Para ser dignos de recibir la Sagrada Comunión, las personas que han cometido pecados graves deben buscar primero el perdón en el sacramento de la reconciliación. La confesión también es una preparación importante para quienes han cometido pecados leves, y la mayoría de las parroquias la ofrecen en un tiempo conveniente para quienes deseen recibir la Sagrada Comunión en la misa dominical.

La Iglesia ayuda de varias maneras para que los católicos se preparen para la Sagrada Comunión. Ella requiere el ayuno al menos una hora antes de recibir la comunión (Canon 919). Este ayuno incluye todo alimento y bebida, excepto agua y medicinas, pero no se aplica a los enfermos o a los ancianos. A algunos católicos les ayuda prolongar el ayuno, aun desde la víspera, con el fin de estar mejor preparados para la Sagrada Comunión. El tiempo dedicado a la oración en acción de gracias tras recibir la Sagrada Comunión también es bien recompensado.

¿Qué sucede si no puedo recibir la Sagrada Comunión?

Hay muchas personas que no podrán recibir la Sagrada Comunión en una misa. Entre ellas están los niños que aún no han hecho la Primera Comunión; los que no son católicos y puedan encontrarse en la congregación; quienes no hayan hecho el ayuno necesario antes de la misa; y las personas que se encuentran en condición de pecado, entre ellas aquellas que viven en situaciones maritales irregulares.

Aunque la recepción digna de la Sagrada Comunión es un gran regalo, no es necesario que un católico reciba la Sagrada Comunión en cada misa. La participación en la misa glorifica a Dios, y puede ser de gran valor espiritual aun cuando uno no reciba la Sagrada Comunión. Quienes no reciben la Sagrada Comunión, pueden unirse a toda la comunidad en oración, pidiendo la bendición de Dios sobre ellos mismos y sobre el mundo entero.

En ocasiones, el no poder recibir la Sagrada Comunión puede resultar doloroso. Para los católicos, esto puede servir como una invitación para hablar con un sacerdote que pueda ayudarles a regresar a la comunión plena. Para los no católicos, puede ser una inspiración para orar por una mayor unión entre los cristianos. La Iglesia Católica invita a todas las personas a la comunión, pero la comunión plena significa la opción por acoger las enseñanzas y el estilo de vida que la Iglesia ha recibido de Cristo y continúa proponiendo al pueblo de hoy.

Cada vez que recibimos la Sagrada Comunión con propiedad, no sólo recibimos el Cuerpo de Cristo, sino que nos unimos con más estrechez a Cristo en Su Cuerpo, la Iglesia. Este gran regalo nos llama a prepararnos mejor, y también nos invita a ofrecerle a Jesús el resto de nuestras vidas.